Un cambio radical en la evaluación de lenguas extranjeras

El sector del aprendizaje de inglés está repleto de productos ineficaces y enfoques de enseñanza fallidos, que cuentan con escalas de competencia lingüística dispares e interpretaciones no convencionales de términos como “intermedio” y “avanzado” que complican aún más el panorama. Esto genera confusión entre los alumnos, que no saben qué resultados esperar después de estudiar un idioma, y entre quienes deben evaluar la competencia lingüística de los estudiantes, desde el departamento de admisión de una universidad hasta futuros empleadores.

Los monopolios de evaluación, como ETS, hoy son poco confiables. Se ha descubierto que algunos estudiantes engañaban al sistema y compraban sus resultados. A menudo, quienes obtienen un puntaje alto no se pueden comunicar de manera efectiva, mientras que quienes obtienen puntajes bajos pueden realizar tareas en inglés sin dificultades. Además, los exámenes comúnmente utilizados, como el TOEFL, el TOEIC, el IELTS y el PTE, se basan en distintas escalas de competencia lingüística, lo que hace que sea imposible comparar los puntajes de unos y otros en términos equivalentes.

Las escalas unificadoras, como la Escala Global de Inglés de Pearson, están dando un paso en la dirección correcta. Sin embargo, ya es hora de dejar atrás los exámenes estandarizados que se concentran en la “competencia lingüística global” y elaborar exámenes nuevos que realmente identifiquen lo que los estudiantes saben y no saben hacer en el idioma extranjero.

Necesitamos realizar un cambio radical en cómo evaluamos a nuestros estudiantes.

Dado que los verdaderos interesados son los interlocutores con los que se comunican los estudiantes, una evaluación verdaderamente innovadora y más significativa debería basarse en las tareas y los temas que los estudiantes necesitan saber. Esos interlocutores –como el empleador que necesita contratar un empleado que pueda comunicarse de manera efectiva con los clientes, la persona que necesita planificar una cena con un nuevo amigo que está estudiando un idioma extranjero o la persona que necesita poder comprender los sentimientos de su pareja– tienen el único parámetro de evaluación real que importa a la hora de medir la competencia lingüística.

¿Pero cómo serían estas nuevas evaluaciones? Para empezar, deben basarse en lo que el estudiante necesita hacer en el mundo real. Como diría el Ferris Beuller, “los verbos irregulares no se pueden comer”. Es decir, que los estudiantes puedan o no identificar el pronombre relativo adecuado para llenar un espacio en blanco no tiene nada que ver con su desempeño durante una entrevista de admisión a la universidad o cuando compran un boleto de avión para sus primeras vacaciones en un país de habla inglesa.

El futuro de las evaluaciones –y, en nuestra opinión, el futuro de toda la educación– está en las evaluaciones basadas en proyectos. Mediante evaluaciones basadas en proyectos, que simulan o bien representan las experiencias reales que enfrentará un estudiante de idiomas, podemos evaluar más de cerca y con más precisión la verdadera competencia del estudiante. Su desempeño real en tareas bien definidas será la mejor forma de medir su éxito y la señal más clara y contundente de su competencia lingüística.

Hasta ahora, no se ha podido implementar este tipo de evaluaciones a gran escala. Por su misma naturaleza, la evaluación basada en tareas es individual y personalizada. Dado que cada estudiante tiene necesidades únicas, cada uno requiere también una evaluación única. Y si bien algunas tareas (como completar formularios o abrir cuentas de bancos en línea) pueden ser simuladas y calificadas por computadora fácilmente, hay otras, como responder preguntas de entrevistas o hacer una presentación de negocios, que requieren al menos un calificador humano (si no varios) que garantice que la evaluación sea válida y se califique de manera confiable. Sin embargo, algunos avances tecnológicos recientes han ayudado a sentar las bases de una enseñanza adaptativa y personalizada, y están listos para hacer lo mismo con la evaluación personalizada. Cuando un estudiante de idiomas pueda ofrecer a un posible empleador un certificado que demuestre que puede negociar con éxito un trato simulado, en lugar de darle un papel con un puntaje aleatorio sobre su nivel de comprensión oral, el arcaico campo de la evaluación de idiomas por fin habrá logrado alcanzar todo su potencial.

Esta publicación fue escrita conjuntamente por Paul Gollash, CEO de Voxy, y la Dra. Katharine Nielson, Directora de Educación de Voxy.

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