¿Por qué no sabemos cuánto tiempo toma aprender algo?

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Existe evidencia de que, en general, la tecnología puede brindar oportunidades de estudio a quienes no podrían acceder a la educación de otra manera, lo cual tendrá un impacto enorme en la vida de millones de personas.  Sin embargo, los cursos en línea siguen siendo copias de las clases presenciales y, en cuanto al diseño instruccional, todavía podríamos ser mucho más innovadores y revolucionarios.  Quizás, parte del problema se deba a que no estamos aprovechando todo lo que la enseñanza impulsada por tecnología puede ofrecer a la ciencia del aprendizaje.

Tomemos como ejemplo el tiempo dedicado a las materias.  Tal como señalaron investigadores de Harvard y del MIT, la idea de la hora crédito existe desde hace mucho tiempo. Esta idea está basada en el concepto de los entornos académicos residenciales, donde se espera que los estudiantes asistan a una cantidad determinada de clases semanales y que, además, dediquen tiempo a estudiar, repasar y escribir por su cuenta.  Este concepto se sigue usando para hacer predicciones sobre el tiempo que tomará dominar los temas y las habilidades académicas—sea en la enseñanza en línea o presencial—pero la realidad es que contamos con muy pocos datos que avalen esta práctica.

Si observamos, por ejemplo, los estudios realizados sobre la asistencia a clases, notamos que, en realidad, los estudiantes no asisten a todas sus clases obligatorias.  Un profesor de Economía de Yale informó que la mitad de los estudiantes no asisten a sus clases y, además, citó un estudio hecho en Harvard que muestra los mismos niveles de asistencia (o incluso más bajos).  Y si bien se puede calcular cuántas sillas están “ocupadas” por estudiantes, lo que no se puede medir es si esos estudiantes están prestando atención en clase o no.  Con muchos años de experiencia en el aula, tanto como estudiante y como docente, puedo confirmar que hasta el estudiante más motivado asiste a clases sin estar preparado, no está concentrado y no logra aprender demasiado en ese momento.  Y lo entiendo, todos tenemos una vida.  Yo tenía dos bebés, trabajaba a tiempo completo y, al mismo tiempo, pude completar mi doctorado; si hay alguien que sabe que el aprendizaje no es tan sencillo como parece, soy yo.  Pero, entonces, ¿esto no significa que deberíamos usar los datos obtenidos en la enseñanza impulsada por tecnología para determinar cuánto tiempo toma a los estudiantes aprender cosas y exactamente qué les deberíamos enseñar?

Harvard y el MIT hicieron justamente eso.  En este artículo, en el que los investigadores analizaron cuatro años de datos obtenidos en cursos en línea abiertos que se ofrecían en ambas instituciones, se confirmaron muchas cosas que sabemos desde hace años: que los cursos en línea masivos y abiertos tienen una tasa de finalización del 5%, que muchos estudiantes abandonan estos cursos y que los estudiantes eligen los temas que quieren aprender.  Cuando los investigadores analizaron la cantidad de horas que los estudiantes que sí finalizaron los cursos—que entregaban certificado de asistencia—dedicaban realmente a aprender, descubrieron que destinaban, en promedio, un 30% del tiempo que requeriría una clase presencial tradicional.

Katie is Voxy’s Chief Education Officer, which means she leads the teams ensuring that learners are getting the most efficient and effective educational experience possible.  She has a PhD in Second Language Acquisition and years of experience teaching languages, building language courses, and evaluating the effectiveness of language training as a research scientist.  She lectures and writes about all things related to language learning and educational technology.